Clásicos fantasmas de madre separada uniéndose a un plan.

Finde con niños. Y amigos. Sin fantasmas.


Este fin de semana me tocaban niños y lo hemos exprimido. O dicho de otra manera; son las 20:57 y ya están los dos dormidos, pese a haber hecho siesta en el coche de 16h a 17:30h. El nivel de estímulos mantenido este par de días ha sido altito.

A regañadientes me voy habituando al uso de la construcción verbal “me tocan”. Terrible. Como el hecho en sí de que toquen. Pues implica que otros días no ocurre.

Pero como siempre digo; no me quedo en el lamento. Aprendemos y sacamos provecho de lo que venga.  Y como el que “toquen” lleva implícita la impermanencia, lo interpreto como una suerte de premio y  aprovecho cuando sí y cuando no.

Si “aprovechar” (en el sentido de exprimir/eficientar/cundir) llevara el nombre de una de mis amigas, sin duda sería el de Josune. Amiga que también lleva haciéndome de perfecto sostén desde el momento exacto en el que supo que le había dicho bye bye al padre de mis hijos.

Su estar ha sido puro presencial. (Pre)ocupándose por lo que hago tanto en pack como en solitario e integrándome en absolutamente todos sus planes. Conozca o no con quién, me guste o no, me cuadre o no. Su oferta siempre está encima de la mesa y cuando se huele que mi negativa tiene más de vergüenza que de ganas, no se contenta con haber hecho la oferta. Asegura su ejecución.

Como este fin de semana; que lo hemos pasado juntos en Falset. Mi yo versión pack, con ella, su marido y sus tres niñas y con otra pareja de amigos suyos y su hija. Maravilloso cómputo total de 5 adultos y 6 niños.

Lo resumo con la pregunta que me ha hecho mi hija mientras le ataba a la sillita del coche para volver a casa: ¿podremos volver?

En este post, te animaba a hacer planes pese a que no conozcas a la compañía. Y para que veas que no hablo por hablar, yo me lo sigo aplicando. No conocía a la pareja de amigos de mi amiga con los que hemos compartido el finde. Pese a ello, dije sí.

Y por supuesto que me rondaron los fantasmas de siempre:

  • Donde vas con ellos si son dos parejas y tú vas sola.

  • Además no les conoces y ellos son amigos. Sobrarás.

  • Qué vergüenza cuando se pregunten si es que mi marido está de viaje, muerto o estaré separada.

  • Aunque seguro que piensan que separada no, con los niños tan pequeños.

  • ¿Y si los niños se ponen insoportables o muy demandantes a la vez y “no puedo” sola con ellos estando por ahí?

  • Mejor me quedo en casa.

  • Además va a llover.

En definitiva; me sigue preocupando si me sentiré fuera de lugar. Y ojo, entiendo que es algo normal. No espero que me deje de ocurrir. Solo lo acepto.

Pero no dejo que me límite y me impida hacer cosas, porque ¿y si no me siento fuera de lugar? ¿y si descubro personas maravillosas que no conocía? ¿Y si no me juzgan? ¿Y si me comparten también sus miedos? ¿Y si conecto?

Sinceramente: Lo fácil es quedarse en lugar conocido. Lamiendo herida y lamentando tu suerte. Lo sé. Pero si mi compartir tiene algún fin es que es que no lo hagas.

Porque eso nunca te va a sacar de donde estás. Además de que los niños (y tú) merecen más. Merecen mundo por descubrir. Miedos que derribar. Alegrías que vivir. Personas por conocer y momentos que disfrutar.  Y todo eso empieza por ti. Porque te permitas hacerlo y seas el mejor espejo en el que se puedan mirar.

En mi caso, los míos este fin de semana merecían visitar gallinas. Compartir barbies. Pelearse por pasear el cochecito. Hincharse a bizcocho. Reír con otros niños. Trasnochar como si fueran vacaciones. Dormir con mamá. Cantar en el coche. Disfrutar en el parque. Acompañarnos a una cata de vino. Caerse ochocientas veces. Y practicar el levantarse. Con mirada. Sin mirada. Con sostén externo y solos.

Así que, ahora, de vuelta, solo puedo dar gracias.

A quien lo ha promovido: mi Josune querida.

A la compañía: por hacerme sentir una igual. Por tender una mano sin que fuera pedida.

A mis hijos: por quererme tantísimo.

Y a mí misma: por vencer a mis fantasmas.

Feliz semana libre de ellos -de fantasmas- y repleta de atrevimientos felices.

MGG.

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